martes, 26 de enero de 2010

Cordes sur ciel





"Acabé por no aburrirme desde el instante mismo en que aprendí a recordar.
[...]
Comprendí entonces que un hombre que hubiera vivido sólo un día podría vivir fácilmente cien años en una prisión."

L'Étranger.
Albert Camus

Cuerdas sobre el cielo
y autopistas en la sombra ,
jardines que tasan la penumbra
en la medida del recuerdo.

martes, 19 de enero de 2010

No le llega el tiempo




René Magritte

No le llega el tiempo para calzarse un pie al zapato,
cuero de caballo galopante
o berrido de animal que no se ha inventado.
Pero vino un gusano descosido
y se estiró en la última médula de su cabeza,
espinal y a cachos,
salvaje y agotada.

Introdujo dos monedas en la ranura de su oído,
una a cada lado,
céntimos de cobre usado,
limosnas para los que no oyen el paso del afilador,
el miedo,
y se pagan en especies cuando ven a un niño sordo
que aún no ha aprendido a llorarse,
y es que hay voces que no callan.

No le llega el tiempo y sin embargo,
cuántos años ha pasado con un pie en el suelo
y cuántos con otro a su lado.

Creative Commons License
No le llega el tiempo by La tela araña is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

viernes, 15 de enero de 2010

Antes de que la soledad nos olvide

Antes de que la soledad lo ignore
iré con otros pasos,
y estaré en los ojos que no vi,
cuando al fin me olvide.

Faltarán visiones para contemplar la huida,
sobrarán caminos para creer en razones.

sábado, 9 de enero de 2010

Hoy nieva: J'expire ou Shakespeare?

Este es nuestro espacio, de enormes brazos colgantes, llamándonos a largas voces. Aquí está todo confundido, lo ganado y lo perdido, el residuo del disco inaudible, la mecedora encima de la piel estirada, blanca y negra, pisadas de iluminaciones, humo inhalado.
Es donde siempre se vuelve, con algo o para nada, donde el reloj se retrasa con las pausas del aliento . No hace falta irse muy lejos para saber que estuvimos aquí, encajados.

Esto escribo: "Esto".
A veces es conveniente dejar espacio.

"L'élève Hamlet: To be...
Le professeur: En Français, s'il vous plaît, comme tout le monde.
L'élève Hamlet: Bien, monsieur. (Il conjugue:)
Je suis ou je ne suis pas
Tu es ou tu n'est pas
Il est ou il n'est pas
Nous sommes ou nous sommes pas...
Le professeur (excéssivement mécontent): Mais c'est vous qui n'y êtes pas, mon pauvre ami!
L'élève Hamlet: C'est exact, monsieur le professeur,
Je suis "où" je ne suis pas
Et, dans le fond, hein, à la réflexion,
Être "où" ne pas être
C'est peut-être aussi la question."

Paroles, Jacques Prévert

martes, 5 de enero de 2010

Los dos riendo: ríos (y voces)

Dijo Jean Cocteau cuando hablaba de Proust:

"Su obra continuaba viviendo como los relojes de pulsera de los soldados muertos."


Dicen que al morir ves pasar la vida entera,
yendo y viniendo en su incesante rechinar de pasado.

¿O es que no vivimos de lo que hemos perdido?

Lo que ganamos pasó de moda
y no volverá a cantar victoria.

Y si cuando te cruce de nuevo
la casualidad nos vuelve el rostro,
pensaré en lo bonito que fue querer nuestra fugaz huída
con sus estrellados pasos,
lentos, largos lazos.

Te recordaré sin nombre,
barro o mar abierto,
te enterraré allá donde las rejas se agujerean
y la vejez no hace estragos.

Esta vez,
no he perdido tu sombra.
Esta vez,
me encuentro en la huella de tu oscuridad.

martes, 22 de diciembre de 2009

Los dos en una silla



Mujer sentada con vestido azul, Amedeo Modigliani.

Corrían los años de la polca barata, el anís redulce y los gritos en el café esquina Rue Saint Émile, donde los disparatados colores de los vestidos se confundían con los trazos gruesos o finos, recién pintados o imborrables, en las camisas de esos hombres que se pasean a altas horas de la madrugada en busca de elixires prohibidos y otros placeres digestivos.

Lucile no podía dormir, el silencio le hablaba tan fuerte que el oído izquierdo, desacompasado del otro izquierdo (imagínense el derecho), le retumbaba al filo del mechón de pelo que le ocultaba la oreja de un lado, la otra del revés. Sin escuchar, viendo junto a una estufa de carbón raquítica y mal cuidada los paseantes de la noche infinita, los que no se acuestan por que ya son soñadores, a los que se les expanden los brazos cada vez que una chica atrevida, descarada o en busca de dinero, les roza el extremo superior del pantalón de pana molida, y cae la presa sin resistencia.

Ella en una silla, ella y la silla, dos en la misma silla. Estática con el peso de un recién nacido y del que está a punto de morir con los talones hasta el cuello y los pies sin cabeza. Se quedaría una noche más, en el cristal reflejada, en aquella silla de barrotes reversibles y negros, con las manos sosteniendo el inmutable paso de la arruga en las yemas al sudar pasado. Recordando que de ahora en adelante, la calle no sería un lugar de tránsito, sino el tránsito mismo.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Qué rojo está todo

Qué rojo está todo,
la vena aorta de un latido
aborta el silencio helado,
defensor incomunicado
que dice que hoy las venas,
casualidades de carne fresca,
no saben ir al revés.


Que todo está rojo y barro,
extraño y gigante, todo,
en un rincón apartado,
con una aguja en las tres
y otra en mi cuarto.

Que no duela,
y brote una gota,
que todo está rojo a un lado
y el rojo de frío quema
y prende la sangre, toda.