" Me fui a mi cuarto, envenenada. Soplaba incesante el mistral, seco y cálido. Así llevaba días, desde que llegué. Destrozaba mis nervios. No pensé en nada. Me sentía dividida, esa división me mataba, la lucha por sentir la alegría, una alegría inalcanzable. La irrealidad opresiva. De nuevo la vida retrocediendo, eludiéndome. Tenía al hombre que amaba en mis pensamientos; lo tenía en mis brazos, en mi cuerpo. El hombre que busqué por todo el mundo, que marcó mi niñez y me perseguía. Había amado fragmentos de él en otros hombres: la brillantez de John, la compasión de Allendy, las abstracciones de Artaud, la fuerza creativa y el dinamismo de Henry. ¡Y el todo estaba allí, tan bello de cara y cuerpo, tan ardiente, con una mayor fuerza, todo unificado, sintetizado, más brillante, más abstracto, con mayor fuerza y sensualidad!. Este amor de hombre, por las semejanzas entre nosotros, por la relación de sangre, atrofiaba mi alegría. Y de este modo, la vida hacía conmigo su viejo truco de disolución, de pérdida de lo palpable, de lo normal. Soplaba el viento mistral y se destruían las formas y los sabores. El esperma era un veneno, ... un amor que era veneno. "
Leopoldo María Panero, poeta traspoeta, traspuesto?
Infierno y paraíso
Pero no sólo los mendigos, padre, van al paraíso van también aquellos que aun más asco dan también estos mendigos del ser que acezan a la puerta del manicomio esas caricaturas humanas, tal como esta que Alicia se piensa en el jardín no humano de las flores y quisiera destruir el universo porque si hay algún monstruo, éste es la desgracia y la única injusticia que existe es la injusticia evidente y si hay alguna moral, ésta es la moral del desastre.
Fuera: el trueno juega y corre con su inmenso monolito. El huracán, monstruo asmático, lanza pavorosa tos; los relámpagos alumbran, atraviesan lo infinito. Como el fósforo encendido del gran cerebro de Dios!
Montmartre, Sol en Sagitario, M.C.M.
Quizá desde su Torre:
Allá por mil novencientos fundé la celebérrima émula de las torres de Babel, de Babilonia, de Alejandría, de Persia, de Eiffel, es decir, la de los Panoramas.