Sólo espero una lanza caliente en mitad en mi pecho altivo una música ardiente que calme la sed del día un par de sonetos mal hechos el lamento del ingenuo a trechos
Sólo espero lanzar la yema de la ternura en un estercolero recuperarla para el mundo y soñar
Sé muy bien lo que ganas cuando te pierdes en el goce. Porque es exactamente lo que yo habría sentido.
La justa errata habernos encontrado al fin del día en un paseo público.
(me gustaría que creyeras que esto es el irrisorio juego de las compensaciones con que concuelo esta distancia. Sigue entonces danzando en el espejo de otro cuerpo después de haber sonreído apenas para mí.)
"Los tejados de Berkeley parecían como lastimosa carne viva estremeciéndose que protegiera a los dolientes fantasmas de la eternidad de los cielos a los que temían mirar."
" Me fui a mi cuarto, envenenada. Soplaba incesante el mistral, seco y cálido. Así llevaba días, desde que llegué. Destrozaba mis nervios. No pensé en nada. Me sentía dividida, esa división me mataba, la lucha por sentir la alegría, una alegría inalcanzable. La irrealidad opresiva. De nuevo la vida retrocediendo, eludiéndome. Tenía al hombre que amaba en mis pensamientos; lo tenía en mis brazos, en mi cuerpo. El hombre que busqué por todo el mundo, que marcó mi niñez y me perseguía. Había amado fragmentos de él en otros hombres: la brillantez de John, la compasión de Allendy, las abstracciones de Artaud, la fuerza creativa y el dinamismo de Henry. ¡Y el todo estaba allí, tan bello de cara y cuerpo, tan ardiente, con una mayor fuerza, todo unificado, sintetizado, más brillante, más abstracto, con mayor fuerza y sensualidad!. Este amor de hombre, por las semejanzas entre nosotros, por la relación de sangre, atrofiaba mi alegría. Y de este modo, la vida hacía conmigo su viejo truco de disolución, de pérdida de lo palpable, de lo normal. Soplaba el viento mistral y se destruían las formas y los sabores. El esperma era un veneno, ... un amor que era veneno. "