sábado, 2 de febrero de 2013

Jorge G. Aranguren o cómo convertir las manos en pájaros.



Tuve la suerte de conocer a Jorge G. Aranguren en San Sebastián, hace unas semanas. Sorpresa, delicia y eternidad. Desde entonces lo llevo conmigo. No he dejado, ni dejaré nunca, de leerlo.

La editorial El Gallo de Oro, dirigida por Juan Manuel Uría  y Beñat Arginzoniz, acaba de publicar el libro de poemas Moneda suelta de este escritor donostiarra. Así da gusto. Así, sí.

Dice él que, al escribir poesía, se ayuda a fijar y comprender el mundo o, al menos, a reconciliarse en algún sentido con la realidad y su deriva.

Yo puedo asegurarles que los gorriones de la Plaza de Gipuzkoa de San Sebastián venían a comer de su mano y, casualmente, ese día había olvidado la bolsa con las migas. Alguien se ha salvado.

Poemas pertenecientes a Moneda suelta:

                                        -37-

De tus quince dioses háblame,
de los que aparecen o se desenlazan
por detrás de la tarde y peregrinan
junto al rebaño de luceros.

Hombre sabio y plural,
¿qué te divierte?:
¿el cachorrillo de león?,
¿la lluvia sobre las flores africanas?,
¿el humo de los sueños?
¿Por qué ríes junto a la soledad y la niñez,
bajo el sucederse de las cosas?

En la puerta,
hecha con pajas y boñigas,
mueves las falanges de la mano,
divertido.
Creo que perdiste algún dios.

                               
                                        -13-

Oigo que dice "mogollón"
seis o siete veces por minuto,
y "súper", otras cuatro.
Frunce el hociquito y asegura:
"Te lo prometo".

La tonta es bella, precisamente eso la salva.


                                     -84-

Elige un sueño para mí,
una ilusión de agua, un pasado de agua.
      Suavidad,
para que no pueda recordarte.


                                  -69-

Ya paso. 





 


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