Un texto sin puntuación
una mujer desnuda
puro instinto de piel húmeda
sobre una cama limpia
a medio día
he visto un pájaro estrellándose
parecía aliviado
relámpago contra el centro de la tierra
ritmo incesante
péndulos invertidos
toda la felicidad del mundo
en el mundo
el regreso del hombre
al hombre mismo
vamos a caer
hacia el cielo
sin más oscuridad
la dicha
ocurre
la nieve cae en copos
en cada copo un poro
existencia de ver blanco sobre blanco
gran fortuna
pasearé las calles que no fui
me rendiré ante su insomnio
me desvelará la verdad
no la dije
moriré despacio
con gusto
moriré
expuesta la carne al viento
acabaré derritiéndome
entonces habrá dos seres
en uno de ellos estaré yo
y al tiempo
entre cortina y abrazo
el agua será la pendiente que admire.
MFL.
Fotografía de Laía Argüelles Folch
Podía ocurrir. Tenía que ocurrir. Ocurrió antes. Después. Más cerca. Más lejos. Ocurrió; no a ti.
Te salvaste porque fuiste el primero. Te salvaste porque fuiste el último. Porque estabas solo. Porque la gente. Porque a la izquierda. Porque a la derecha. Porque llovía. Porque había sombra. Porque hacía sol.
Por fortuna había allí un bosque. Por fortuna no había árboles. Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno, un marco, una curva, un milímetro, un segundo. Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.
Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de. Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie, a un paso, por un pelo, por casualidad, ¡Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía entreabierto? ¿La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto? No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla. Escucha cuán rápido me late tu corazón.
Hace dos semanas leí una crítica en el Heraldo a propósito de Turrones para Sender.
Firmado F.R. Me gustó la manera en que despertaron en mí tantas preguntas acerca del desconocimiento de otras personas, de sus voluntades, de sus ilusiones e incluso de sus misterios. Lo que verdaderamente mostraba ese artículo eran unas ganas voraces de aprender y de descubrir nuevas vías, nuevas materias con que iluminar el espíritu. Ahora ya nunca podré conversar con él sobre nuestros puntos de vista.
"Nada, ni el espantoso ruido de las sirenas policiales, puede arrojar de mí la sensación de que alguien se anuncia y yo sé que no hay nadie pero iré a abrir la puerta."
Dans une terre grasse et pleine d'escargots
Je veux creuser moi-même une fosse profonde,
Où je puisse à loisir étaler mes vieux os
Et dormir dans l'oubli comme un requin dans l'onde.
Je hais les testaments et je hais les tombeaux;
Plutôt que d'implorer une larme du monde,
Vivant, j'aimerais mieux inviter les corbeaux
A saigner tous les bouts de ma carcasse immonde.
O vers! noirs compagnons sans oreille et sans yeux,
Voyez venir à vous un mort libre et joyeux;
Philosophes viveurs, fils de la pourriture,
A travers ma ruine allez donc sans remords,
Et dites-moi s'il est encor quelque torture
Pour ce vieux corps sans âme et mort parmi les morts!
El Muerto alegre
En una tierra crasa y llena de caracoles
Yo mismo quiero cavar una fosa profunda,
Donde pueda holgadamente tender mis viejos huesos
Y dormir en el olvido como un tiburón en la onda.
Yo odio los testamentos y yo odio las tumbas;
Antes que implorar una lágrima del mundo
Viviente, preferiría invitar a los cuervos
A sangrar todas las puntas de mi osamenta inmunda.
¡Oh, gusanos! negros compañeros sin orejas y sin ojos,
Ved cómo hasta vosotros llega un muerto libre y alegre;
Filosóficos vividores, hijos de la podredumbre,
A través de mi ruina pasad sin remordimientos,
Y decidme si hay aún alguna tortura
Para este viejo cuerpo sin alma ¡y muerto entre los muertos!
Turrones para Sender es un libro que recoge la correspondencia privada entre el reconocido autor y Eduardo Fuembuena, el director y propietario del diario Aragón Express. Eduardo Fuembuena se convirtió en el principal impulsor y promotor del regreso de Sender a Aragón, y la unión entre ambos llegó a ser tan íntima, que a la muerte e incineración del escritor, Luz Campana de Watts le envió un paquete con parte de las cenizas al director del diario, dentro de un libro. En dicha correspondencia se muestra un Sender cercano, cercano a los problemas políticos de la época, un Sender que dialoga sobre la literatura, sobre la condición humana, sobre la religión y sobre la amistad.
El epistolario viene precedido por una contextualización del encuentro entre ambos por parte de Marta Fuembuena, la nieta de Eduardo Fuembuena, poeta y traductora, desde la perspectiva afectiva entre ambos.
Además, como ampliación del imaginario del escritor, se incluye una recopilación de artículos suyos publicados en el diario Aragón Express.
Aparte de la correspondencia y los artículos, se muestran una decena de fotografías personales propiedad de la familia Fuembuena, y se realiza una revisión histórica del autor por el profesor universitario, y experto en la literatura de Ramón J. Sender, José Domingo Dueñas.
Te decía en la carta que juntar cuatro versos no era tener el pasaporte a la felicidad timbrado en el bolsillo, y otras cosas más o menos serias como dándote a entender que desde antiguamente soy tu cómplice cuando bajas a los arsenales de la noche y pones toda tu alma y la respiración perfectamente controlada, por mantener en pie tus rebeliones tus milicias secretas a costa de ese tiempo perdido en comerte las uñas, en mantener a raya tus palpitaciones, en golpearte el pecho por los malos sueños, y no sé cuántas cosas más que, francamente, te gastan la salud cuando en el fondo sabes que estoy contigo aunque no te vea ni tome desayuno en tu mesa ni mi cabeza amanezca en tu pecho como un niño con frío, y eso no necesita escribirse.